Mujeres iraníes caminan en Teherán, Irán

¿Qué futuro espera a Irán y a su población tras la muerte de Raisi?

El país tiene una democracia con muchos asteriscos, y hay un descontento generalizado entre los civiles

La reciente muerte del presidente Ebrahim Raisi en un trágico accidente de helicóptero ha puesto de relieve, una vez más, la complejidad del sistema político en Irán y las cuestiones relacionadas con su democracia, su régimen y sus relaciones internacionales. Irán, un país rico en historia y cultura, se encuentra en una encrucijada entre tradición y modernidad, entre un sistema político teocrático y los anhelos de reforma y cambio por parte de su ciudadanía.

¿Es Irán una democracia? La respuesta no es sencilla. Si bien Irán tiene instituciones democráticas formales, como elecciones presidenciales y parlamentarias, estas se llevan a cabo dentro de un marco político dominado por el liderazgo religioso y la figura del Líder Supremo, actualmente Ali Jamenei. Este sistema híbrido, conocido como una "república islámica", combina elementos democráticos con un alto grado de control por parte de las autoridades religiosas.

Según varios índices y estudios internacionales sobre democracia, Irán suele clasificarse como un régimen autoritario, con limitaciones significativas en cuanto a la libertad de expresión, los derechos humanos y la participación política. Las elecciones, si bien se celebran periódicamente, suelen estar sujetas a restricciones y supervisión por parte de las autoridades religiosas y del gobierno, lo que plantea dudas sobre su integridad y equidad.

El Líder Supremo, Ali Jamenei, desempeña un papel central en el sistema político iraní. Como la máxima autoridad religiosa y política del país, tiene poderes considerablemente amplios, que incluyen la supervisión de las instituciones estatales, la toma de decisiones en cuestiones clave y la designación de figuras clave, como el presidente y el jefe del poder judicial. Su influencia es fundamental en la política interna y externa de Irán.

El actual régimen iraní, en su forma actual como una república islámica, se estableció en 1979 tras la Revolución Islámica, que derrocó al gobierno monárquico del Shah Mohammad Reza Pahlavi. Desde entonces, Irán ha mantenido relaciones complejas con la comunidad internacional, caracterizadas por tensiones y conflictos en temas como el programa nuclear, el apoyo a grupos militantes en la región y la intervención en asuntos internos de otros países.

¿Puede esta muerte propiciar una revolución?

La muerte del presidente Ebrahim Raisi en un accidente de helicóptero podría potencialmente desencadenar una serie de cambios y tensiones en la sociedad iraní, pero prever si esto conducirá a una revolución es altamente especulativo y depende de varios factores.

La muerte del presidente podría ser vista como un punto de inflexión que cataliza la expresión pública de estas frustraciones. Sin embargo, la magnitud y la dirección de cualquier movimiento de protesta dependerán de la naturaleza y la intensidad de este descontento.

El régimen iraní tiene un historial de reprimir duramente las protestas y los movimientos de oposición. La manera en que el gobierno responda a cualquier agitación popular resultante de la muerte de Raisi podría ser determinante en el curso de los eventos. Una represión violenta podría sofocar cualquier intento de revolución, mientras que una respuesta más moderada podría permitir que el descontento se exprese de manera más organizada y sostenida.

La muerte de Raisi podría exacerbar las divisiones internas dentro del establishment político y religioso iraní. Si hay luchas por el poder o desacuerdos sobre la sucesión, esto podría debilitar la capacidad del régimen para mantener el control y abrir espacio para la disidencia popular. Además, la reacción de la comunidad internacional también podría influir en la dinámica interna en Irán. Si las potencias externas expresan apoyo o condena a ciertos sectores de la sociedad iraní, esto podría fortalecer o debilitar la posición de diferentes grupos dentro del país.