Galletas Moskovitas de Oviedo

Moscovitas en Oviedo

Oviedo se caracteriza por una bien cimentada tradición en el arte de la golmajería

El periodista podría iniciar su información diciendo: “El año pasado cien operarios lograron introducir en Oviedo quince millones de moscovitas”. Y diría la verdad. Pero no se asusten: no se trata de una audaz “operación militar especial” promovida por el temible y artero presidente Putin contra la estabilidad de la capital del Principado de Asturias, sino algo mucho menos peligroso y, en todo caso, más dulce. Porque las moscovitas que se distribuyen por Oviedo son unas deliciosas obleas de almendra rebañadas de chocolate -negro, blanco o con leche, al gusto de cada cual- que desde hace años elabora la familia de Francisco Gayoso con la ayuda de un centenar de empleados. Del mismo modo que la quinta generación de la familia de Camilo de Blas sigue elaborando en su histórico establecimiento los “carbayones”, un pastelillo de hojaldre con crema pastelera rebañado con crujiente capa de azúcar glaseado y que reivindica el nombre con que son conocidos los ovetenses en recuerdo de un árbol que hizo historia. Y es que Oviedo se caracteriza por una bien cimentada tradición en el arte de la golmajería, del mismo modo que acredita un patrimonio culinario que tiene su fundamento en los principales productos alimentarios locales que han hecho posible instituir a esta ciudad con la merecida condición de capital gastronómica de España durante el año 2024.

Las tradicionales fabes, cocinadas exquisitamente y base de la incomparable fabada, el pote asturiano, el cachopo -con sus numerosas e imaginativas variaciones, el pitu caleya, los tortos de maíz con algún acompañamiento, la inmensa variedad de quesos del Principado -con el mayor número de variedades de toda Europa-, el arroz con leche, los diferentes tipos de sidra cuyo epicentro se encuentra en la Gascona o bulevar de la sidra, pero también de vinos, que tienen su ruta por las calles de Pedregal y Campoamor, hacen de la restauración ovetense un verdadero paraíso para el gourmet que tiene su templo máximo en el Fontán, un mercado que constituye el mejor exponente de la producción agropecuaria regional.

La ciudad de Oviedo, antigua, elegante, señorial, de moderadas proporciones que permiten recorrer su centro a pie y sin agobios, salpicada de lugares emblemáticos -la catedral con su cámara santa, los museos -Bellas Artes, Arqueológico, de la Iglesia-, los cercanos monumentos románicos de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo o el Centro de Interpretación del Prerrománico, es uno de los mejores ejemplos del turismo sostenible que trata de imponerse en toda España. Y todo ello en la ruta del camino de Santiago, del que la capital asturiana es un hito en el itinerario que lleva al peregrino hasta Compostela. Una urbe, en fin, que en pleno siglo XXI ha dado una reina a España. Razón más que suficiente para celebrarlo haciendo los honores que se merece degustando una “princesita” de mazapán y yema de los Gayoso.