Vuelo de una gaviota patiamarilla

Trazos y segmentos: decálogo sobre la libertad

¿Qué es la libertad? ¿Merece la pena luchar por ella?

1- ¿Qué es la libertad? 

La libertad es algo interno que se descubre cuando vas soltando todas las cadenas que te atan a aquellas cosas que pesan como losas de hormigón: la opinión ajena, el miedo a perder las posesiones, el temor a enfermar, la culpa, los apegos emocionales, los vicios, las manías compulsivas, las conductas impuestas, las modas…(en resumen, “las mil caras del miedo”). La libertad, en este mundo, es relativa; la absoluta se ubica en el Mundo de las Ideas Platónicas.

2- ¿Dónde se ubica?

La libertad se encuentra en el único lugar donde nunca tendríamos la ocurrencia de buscarla, a menos que ella misma reclamase nuestra presencia, herida de muerte. Ese lugar es aquello que nos configura por completo, aquello que somos de verdad, el anclaje a nuestro verdadero SER; el poso y el peso de lo más sutil y aún así de lo más sólido, de lo más atómico, de lo más concentrado.

3- ¿Quién la posee?

La libertad es poseída por quienes no necesitan poseer nada, porque se poseen a sí mismos. Esos son los puros de espíritu, los que no se dejan contaminar por lo ajeno, los hijos de la luz que anula toda oscuridad, los fuertes que saben del transito y de lo efímero, los que no emiten sombra.

Aquellos que no temen a la vida, ni a la muerte, porque conocen el secreto. Aquellos que no pueden ser sometidos bajo ningún castigo, porque controlan su mente. Aquellos que conocen el punto de anclaje.

4- ¿Para qué sirve?

La libertad sirve para SER, sin ella estamos “siendo sidos”; es decir,  otro u otros ENTES se apoderan de nuestro SER, estos entes son siempre internos, ya que nada externo puede entrar en nosotros si no le abrimos la puerta. Esos seres que nos gobiernan son divisiones de la gran oscuridad que albergamos, son legión armada que regenera sus tropas a cada intento de una nueva batalla.

La guerra está siempre presente y, a cada envite en el que apostamos nuestra idiosincrasia aparece la respuesta contraria, “según la Tercera Ley de Newton”. A veces, resulta muy gratificante ver como alguno de los efectivos contrarios cae rendido, pero es tan difícil…

5- ¿Quién la restringe y por qué?

La libertad estuvo, está y estará siempre restringida por el poder establecido, de lo contrario dejaría de ser poder, para convertirse en servidor (qué maravilloso sería eso, si viviéramos en el Mundo imaginario de Platón, donde el Rey era un sabio filósofo que servía con ecuanimidad y justicia a su pueblo).

Cada ente o célula de un cuerpo social controlado tiene adheridos tentáculos succionadores de energía (luz), que limitan sus movimientos. Aparentemente el ser humano puede moverse según guste y tomar decisiones voluntarias; pero ¿de verdad esa voluntad existe…; no será quizás una ilusión?

6- ¿Merece la pena luchar por ella?

Cuando me pregunto si merece la pena darlo todo por la libertad, enseguida me asalta una angustia interior inquebrantable, como losa de acero que me aplasta cual hormiga por zapato. Me duele tanto saber que no soy dueña de mí misma, darme cuenta de que estoy mediatizada por lo interno y por lo externo.

Conocer que en realidad no me conozco, ni conozco la realidad que me rodea. Darme cuenta de que en el fondo todo es un misterio. ¿Cómo voy a ser libre, cómo vamos a ser libres, sin la herramienta de una voluntad pura a la que nada, ni nadie, pueda mediatizar?

7- ¿Tiene algún significado para el alma humana?

Para el alma humana la libertad no sólo es necesaria, sino que además es imprescindible. Eso significa que sin libertad el alma está presa y anémica por falta de alimento. 

8- ¿Se puede comprar la libertad?

Algunos podrían pensar que la libertad puede comprarse con dinero, con posesiones o con poder; pero nada más lejos de la realidad. Precisamente el apego más grande que tenemos los seres humanos es el que nos ata a nuestras pocas o muchas posesiones, a nuestro poco o mucho poder. La verdadera libertad, como el verdadero amor, no tiene precio; por eso es imposible comprarla.

9- ¿Qué precio se debe pagar por ella?

Como la libertad no tiene precio, lo único que podemos hacer por obtenerla es rescatarla y redimirnos. No cambiarla por nada, sabiendo que donde ella está todo el bien y lo bueno está servido. Siempre, y en todo momento hay que preferirla, ponerla por delante de cualquier otra cosa, porque ella es la salvación del SER y del mundo. De no ser así lo auténtico desaparece para que usurpe su lugar cualquier sucedáneo.

10- ¿Alguna vez, aunque sea por un instante, podremos alcanzarla?

Creo que por un instante todos hemos conocido ese brote álmico-libertario, que invade todas y cada una de nuestras células. Llamémosle, “experiencia religiosa”, o lo que cada uno quiera; y no me estoy refiriendo a nada físico; sino a algo que trasciende lo físico, pero que aún así lo impregna. Puede suceder cuando conduces por una tranquila carretera, acompañada de la música que más te gusta y rodeada de una preciosa luz, en un lindo paraje natural. Puede suceder cuando una idea llega a tu mente con desconocida procedencia y enciende toda tu comprensión. Puede suceder cuando contemplas por primera vez la carita de uno de tus retoños... 

Comenzaba con diez preguntas que he tratado de contestar en un decálogo de ideas que siento como propias, aunque soy consciente de que en realidad son prestadas...aún así, a través de ellas quiero rescatar aquello que en esencia SOY, mi LIBERTAD; MI ALMA.

Para terminar, algo que dijeron otros que me inspiraron

- “El que ha superado sus miedos será verdaderamente libre” (Aristóteles).
- “El hombre es libre en el momento en el que desea serlo” (Voltaire).
- “Que nada nos limite. Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia” (Simone de Beauvor).