Iglesia de Sant Romà de Sau en el pantano de Sau, a 20 de noviembre de 2023, en un fotomontaje con Francisco Franco

La Atlántida catalana: los pueblos que desaparecieron por los embalses de Franco

La construcción de infraestructuras hídricas en España se llevó por delante muchos pueblos que hoy emergen con la sequía

El periodo del franquismo dejó una huella indeleble en la geografía española, marcada por la construcción masiva de embalses. Este legado, que se extiende a lo largo de cuatro décadas, encuentra sus raíces en el Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933, inspirado en ideales republicanos.

Durante su discurso en la inauguración de uno de estos embalses, el dictador Francisco Franco expresó: “Nos dolía España por su sequedad y por su miseria (...) y todo ese dolor de España se redime con estas grandes obras hidráulicas nacionales”. Este enfoque impulsó la construcción de una gran cantidad de pantanos, convirtiendo a España en uno de los países con mayor densidad de embalses por kilómetro cuadrado.

Poblaciones hundidas bajo el agua 

Pero esta construcción masiva de nuevos pantanos se llevó por delante muchas poblaciones. Según datos de Ecologistas en Acción, más de 500 municipios españoles se encuentran bajo el agua, siendo Sant Romà de Sau  un ejemplo destacado en Cataluña. Este pequeño municipio quedó sumergido en 1962 con la finalización del pantano de Sau, tras más de dos décadas de construcción que atrajeron inmigrantes de todo el país. A pesar de la inundación, la icónica iglesia del siglo XI de Sant Romà ha perdurado a través del tiempo. Cuando los niveles de agua del embalse descienden, emerge el campanario románico del antiguo templo, recordando así la historia enterrada bajo las aguas.

La construcción del pantano tuvo consecuencias ambientales significativas, como la pérdida de hábitats naturales y la fragmentación de ecosistemas. Esto ha afectado a la biodiversidad y ha generado preocupaciones sobre la conservación de las especies locales. 

Otro ejemplo es Portomarín, en Lugo. Los habitantes del actual Portomarín, un pueblo relativamente joven con apenas medio siglo de existencia, tienen una historia que se remonta mucho más atrás. El antiguo pueblo quedó sumergido bajo las aguas del río Miño para posibilitat la construcción del embalse de Belesar, en Chantada.

En 1946, el municipio original fue declarado Conjunto Histórico-Artístico, destacando la icónica iglesia románica de San Juan, designada Monumento Nacional en 1931. A lo largo de los siglos, ilustres como los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II dejaron su huella en este lugar. Sin embargo, fue la llegada del general Franco la que marcó el destino del histórico Portomarín.

Bajo la inauguración del pantano y la nueva villa en 1963, viviendas, huertas, campos y siglos de historia quedaron sumergidos, dando paso a una presa eléctrica. Muchos residentes optaron por trasladarse al nuevo pueblo construido sobre el Monte de O Cristo, mientras que otros prefirieron partir con el recuerdo de una vida sepultada bajo las aguas. 

Hoy, el antiguo Portomarín emerge de nuevo, revelando historias ocultas tras el descenso del caudal del río. Para los peregrinos que recorren el Camino de Santiago en otoño, es un descubrimiento inesperado, mientras que para los vecinos que reconstruyeron sus vidas, es la reapertura de una cicatriz. El renacimiento de Portomarín es un recordatorio vivo de la intersección entre la historia y el progreso, donde el pasado y el presente convergen en un mismo lugar.

La Muedra desapareció por un pantano aprobado durante la dictadura de Primo de Rivera

Por último está el caso de La Muedra, en Soria, testigo de una historia rica y vibrante, vio cómo lugares emblemáticos como la escuela mixta, el juego de pelota o la ermita quedaban sumergidos por la construcción del pantano Cuerda del Pozo. Sin embargo, la torre y el campanario de la iglesia parroquial, dedicada a San Antonio Abad, desafían al olvido, emergiendo majestuosos cuando el nivel del agua desciende. Esta ruta se ha convertido en un atractivo turístico en Vinuesa, ofreciendo a los visitantes un viaje cautivador al pasado.

La plaza, con su rollo de piedra y cruz en lo alto, y un olmo plantado en 1639, sigue siendo un lugar de encuentro y celebración. Los últimos testimonios de los antiguos habitantes de La Muedra revelan que incluso hasta casi el final de las obras, el pueblo aún albergaba a algunas personas.  Con una población de 217 habitantes en el momento en que se aprobó la construcción del pantano - en 1923, durante la dictadura de Primo de Rivera-, La Muedra creció durante las obras, alcanzando los 341 habitantes en 1931. Sin embargo, el 30 de septiembre de 1936, los últimos 30 vecinos emprendieron su partida hacia localidades cercanas como Abejar, Cabrejas y Vinuesa, rechazando la oferta de establecer un nuevo pueblo en Pinar Grande. El embalse se inauguró finalmente en 1941. 

La Muedra, a pesar de haber sido sumergida bajo las aguas del progreso, sigue contando su historia a través de las ruinas y los recuerdos de sus antiguos habitantes. Su legado perdura como un testimonio de resiliencia y memoria en la historia de la región.

La construcción de los embalses se llevó por delante muchos pueblos en España. Además de los expuestos, destacan las historias de Peñarrubia, La Isabela, Granadilla, Mediano, Las Rozas de Valdearroyo o Mansilla de la Sierra, que también desaparecieron para siempre bajo el agua.