El libro Albania sobre una biblioteca

Lonely Planet publica su guía de “Albania”

El país que permaneció férreamente cerrado durante cuatro años de comunismo se ha convertido en un destino turístico

Hubo un tiempo en que decía en broma que los mapas nos engañaban e incluían dos países que en realidad no existían: Albania y Mongolia exterior. Cuando me preguntaban la razón de la andanada respondía muy seriamente que por cuanto no había constancia de que nunca nadie hubiera puesto los pies en ninguno de ellos. La acreditación de Samaranch, primer embajador español en la URSS, como representante español también en el segundo de los países citados puso en entredicho mi afirmación. Y la muerte del descerebrado dictador comunista Enver Hoxha, que había mantenido clausurado su país a cal y canto durante cuarenta años, con la subsiguiente apertura de sus fronteras, terminó de invalidar mi astracanada. Hoy Albania se ha convertido en un destino no solo apetecible, sino accesible, bien comunicado e interesante por una serie de razones: no solo la belleza de su naturaleza, la diversidad de sus formas de vida y la tolerante convivencia de tres culturas -musulmana, ortodoxa y católica-, sino además también por sus todavía muy moderados precios.

Ocurre, sin embargo, que lo desconocemos casi todo sobre este país y por ello resulta muy aconsejable utilizar una buena guía. Las hay con diverso sello editorial, pero nosotros hemos manejado la de Lonely Planet que responde al esquema habitual de la serie. Incluye pormenorizados recorridos por las diversas zonas. Así la capital, Tirana con la Albania central y la histórica localidad de Kruje, donde Skanderbeg, el héroe nacional, tuvo su fortaleza, el Norte, con los Alpes albaneses, Durres y la costa Adriática, Vlore con la Costa Jónica -porque es en esta zona del litoral albanés donde se encuentran uno y otro mar- con la Riviera Albanesa, y la zona del sureste con la ciudad de balnearia de Brat y Girokastra, la ciudad natal de su escritor más universal Ismail Kadaré. Todo ello va aderezado con pormenorizada referencia de monumentos, yacimientos arqueológicos, parques nacionales y lugares de interés, información sobre alojamientos y puntos de restauración, medios de transporte y, en fin, toda suerte de notas históricas o sobre la sociedad albanesa y numerosos consejos de utilidad.

Con todo ello el viajero podrá desenvolverse en este pequeño país donde se sorprenderá del endiablado tráfico de su capital, la curiosa mescolanza racial a caballo entre Europa y Oriente Medio -la huella otomana es todavía muy perceptible-, el contraste entre los estilos arquitectónicos tradicionales con los de la época comunista -en plena degradación-, los rutilantes rascacielos y los hoteles de la etapa actual y, en fin, la coexistencia de tiendas de grandes marcas con bazares y pequeños comercios tradicionales. Lo dicho: un país apasionante que todavía no ha perdido un ápice de su autenticidad. Qué dure.