Interpretación de la obra Retart de l'artista mort

'Retrat de l’artista mort' invita a reflexionar sobre la barbarie del fascismo

Un docudrama de Davide Carnevalien el que comparte con el público un episodio de su propia vida privada

La sala de Gràcia del Teatre Lliure presenta “Retrat de l’artista mort”, un docudrama cuya dramaturgia y dirección escénica han corrido a cargo del director italiano, fuertemente enraizado en Barcelona, Davide Carnevali. Pocos espacios más adecuados para un montaje de este tenor que este espacio escénico cuyas características permiten remodelarlo a voluntad, algo muy necesario en esta obra puesto que su desarrollo requiere una continuada transformación o reacomodamiento de algunos elementos escenográficos, atendiendo además a la necesidad de disponer de espacio suficiente para dar cabida al propio público cuando es invitado por el protagonista de la función a dejar su asiento y sumarse a la conclusión del espectáculo.

Sergi Torrecilla, el protagonista, comparte aspectos de su propia vida privada y lo hace en un largo y complejo monólogo en el que relata cómo hubo de afrontar inesperadamente el requerimiento de asistir a la reasignación judicial de cierta vivienda situada en Buenos Aires que había pertenecido a un familiar, pero entre cuyas paredes se escondía un turbio episodio de persecución política producido durante la última dictadura militar. El protagonista se desplaza a la capital argentina para subsumirse en la tragedia del “desaparecido”, un músico que había estado trabajando en las partituras de un compositor valenciano, con lo que el hilo de la narración establece conexiones con otra tragedia que nos es mucho más próxima, la de la guerra civil española. De este modo, Torrecilla se subsume en un juego de identidades pero, además, “se adentra en un laberinto de episodios personales que se entrecruzan con algunos de los grandes acontecimientos históricos del siglo XX”.

El director se pregunta: “¿Cómo devolver la voz a quienes han estado silenciados? ¿Cómo representar en el escenario a un cuerpo ausente? Entre la investigación histórica y la policial, diseñamos un juego de variaciones literarias y musicales que cuestionan nuestra forma de releer el pasado y de escribir la historia con una dramaturgia en reescritura permanente, construida a partir de la memoria de personas y lugares, pensada para adaptarse a la biografía del intérprete y a la ciudad donde se pone en escena”. 

La fuerte vinculación entre el texto y el actor hace que Torrecilla ejerza en este caso casi más en función de confesor que de mero intérprete, lo que da a su actuación una profundidad y una autenticidad nada impostadas, sino muy reales y, por ende, creíbles. La palabra se engarza armoniosamente con los silencios y, cuando la ocasión lo permite, con la música de piano en un encaje de bolillos que constituye en su globalidad todo un aviso a navegantes porque “el retrato del artista se transforma en una reflexión sobre la barbarie del fascismo que atravesó globalmente el siglo XX, pero que podría reaparecer hoy en día”.